CETERIS PARIBUS
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LA FARSA DEL PODER NEGRO (1)


Jason Riley

Unos días después de la sorpresiva victoria de Trump sobre Hillary Clinton, caminé por Harlem en la ciudad de Nueva York e intercambie impresiones con un par de docenas de residentes negros. Las manifestaciones callejeras posteriores a las elecciones estaban ocurriendo casi a diario en las principales ciudades de todo el país. Los medios contribuían a presentar las protestas como expresiones espontáneas de indignación en el ciudadano promedio sobre los resultados de las elecciones, y seguramente en algunos casos fue así. Pero también es cierto que muchos de los mítines estaban siendo organizados y apoyados por agitadores profesionales desde organizaciones como MoveOn.org y el Sharpton’s National Action Network. Se decía que a las minorías les preocupaba especialmente la presidencia de Trump debido a su ofensiva retórica de campaña dirigida contra inmigrantes latinos y negros.


Sin embargo, las personas con las que hablé en Harlem no estaban sorprendidas por el resultado ni demasiado preocupadas por su futuro bajo una administración Trump. No encontré ningún partidario de Trump, pero tampoco encontré a nadie interesado en salir a las calles para oponerse a su elección. En su mayoría, la gente me dijo que le darían a Trump la oportunidad de hacer las cosas que dijo que haría, como reducir el crimen y proteger los programas de asistencia social. Y a diferencia de tantos intelectuales y activistas públicos negros, expresaron un saludable escepticismo sobre los políticos y las soluciones gubernamentales. "Dijo que protegería al Medicare. Puedo estar de acuerdo con eso ", dijo un jubilado que estaba fumando con un amigo afuera de una barbería. "Dijo que iba a deshacerse de las pandillas, de los Bloods y los Crips. Eso me gusta. Si hace esas dos cosas, es mi hombre. Si no cumple con eso, será un político más. Un pastor, sentado delante de la fachada de su iglesia, también hizo observaciones sobre la excesiva violencia callejera, y concluyó que "sabemos que el presidente no puede hacer mucho sobre el crimen. Se tiene que empezar en casa, en la familia, los padres y las madres. "Una mujer que estaba arreglándose el pelo en un salón de belleza fue más directa aún. "No creo que Trump realmente esté pensando en los problemas de los negros", me dijo mientras algunos de los clientes que escuchaban asentían. "Incluso si lo estuviera, no podría resolverlos realmente. Obama no pudo resolverlos a pesar de que realmente quería; luego, Trump tampoco podrá.”


Esta sobriedad contrastaba drásticamente con la embriaguez de noviembre de 2008, cuando tantísima gente vio al presidente entrante como una especie de salvador político, idea que Obama no tenía interés en desalentar. Para los negros, sin embargo, la presidencia de Obama terminó siendo una distracción más frente a la realidad de que el poder político no puede compensar la carencia cultural.


Históricamente, la priorización de la política ha dado a los negros pocas razones para esperar de sus soluciones un rápido y sostenible progreso en el desarrollo de su capital humano. Las comunidades exitosas en Estados Unidos, medidas por sus ingresos, sus logros académicos y profesionales, han desarrollado ciertas actitudes, hábitos y comportamientos. Algunos grupos han desarrollado esos rasgos antes de llegar a América; otros los aprendieron después de llegar. Pero en general, el desarrollo cultural ha precedido a la prosperidad eventual.


En la actualidad, a los líderes negros lo que les preocupa es inventar escusas y estas, de una forma u otra, se centran en la maldad de los blancos "Muchos dicen que la oposición blanca a los negros es tan particularmente feroz que es inútil compararnos con los demás", escribe el erudito John McWhorter. "Pero, ¿qué tan inútil es compararnos con nosotros mismos?.


Ya a finales del siglo XIX, " en las ciudades estadounidenses era común la prosperidad en los distritos comerciales negros en los que se reproducía en todos su detalles la América blanca, excelentes escuelas incluidas: Bronzeville, Chicago; el distrito de Auburn Avenue en Atlanta; el distrito de Shaw en Washington, DC; incluso Harlem antes de la década de 1940", como bien ha explicado McWhorter.


Estas personas no eran ajenas al racismo, expresado sin reservas y hostilmente de un extremo a otro de los Estados Unidos. Los negros no podían comprar en muchas tiendas blancas ni hospedarse en la mayoría de los hoteles blancos; estaban excluidos de los puestos de prestigio del orden establecido; regularmente leían noticias sobre de linchamientos; los matrimonios y las relaciones interraciales eran algo casi insólito y condenaban al ostracismo social a los transgresores. Y sin embargo, las mismas personas que vivían en ese mundo se sentirían desconcertadas ante acuerdo, entre sus descendientes, según el cual los prejuicios de los blancos nos incapacitan para mejorar nuestro destino.


Se quedarían no solamente desconcertado. La edición de 1913 del Almanaque Negro, en el quincuagésimo aniversario de la Proclamación de la Emancipación, jactábase de que “ningún otro grupo hubiera hecho progresos tan grandes en tan poco tiempo. Y precisaba. comparando el progreso de los esclavos liberados en los Estados Unidos con el de los siervos rusos, que habían sido emancipados al mismo tiempo, en 1861. Cincuenta años después de ser liberados, catorce millones de ex siervos habían acumulado unos $500 millones, equivalente a $36 per cápita, y el 30 por ciento podía leer y escribir. En comparación, después de cincuenta años de libertad, "los 10 millones de negros en los Estados Unidos habían acumulado más de $700,000,000 en propiedades, alrededor de $70 per cápita", informaba el almanaque, utilizando datos del Censo, y "el 70 por ciento tiene algo de educación libresca”. Robert Higgs, un historiador de la economía, escribió en 2008 que incluso si medio siglo después de la emancipación, la alfabetización hubiera alcanzado solo el 50 por ciento, "la magnitud del logro seguiría siendo sorprendente, especialmente cuando se recuerdan los abrumadores obstáculos que impedían los esfuerzos educativos de los negros. Que una población tan grande, prácticamente analfabeta, pudiera en cincuenta años aprender a leer y escribir en mas de un cincuenta por ciento, es un logro rara vez visto en la historia de la humanidad.”


En 1865, los empresarios negros se dedicaban solamente a doce tipos diferentes de empresas comerciales, que incluían, peluquería, fabricación de velas, limpieza de tiendas, reparación de calzados y banquetería. Para 1917, los negros poseían y operaban unos doscientos tipos diferentes de negocios, al tiempo que abandonaban el sur rural y se dirigían a ciudades cercanas o centros urbanos en el norte y el oeste. En la década de 1910, las poblaciones negras de Los Ángeles, Chicago, Miami, Cleveland y Detroit crecieron entre 105 por ciento (Los Ángeles) y 611 por ciento (Detroit). La migración continuó en la década de 1920, cuando ciudades pequeñas y medianas como Youngstown, Ohio; Durham, Carolina del Norte, doblaron y triplicaron sus poblaciones negras. Y Buffalo, Nueva York, también vio su población negra doblarse y triplicarse. Gary, la población negra de Indiana paso de 383 en 1910 a 17,922 en 1930.


Según una guía de negocios, solo en Chicago, para 1885, ya había alrededor de doscientas empresas negras operando en veintisiete campos diferentes. Una historia del barrio negro de la ciudad de Bronzeville cuenta que el "rápido crecimiento de la comunidad negra entre 1915 y 1929 estuvo acompañado por la expansión en todo tipo de negocios pertenecientes a negros", desde salones de belleza y comestibles hasta bancos y compañías de seguros. "En 1938, los negros en Bronzeville poseían y operaban más o menos 2,600 empresas comerciales", la mayoría de las cuales consistían en pequeños grupos de ventas al por menor y servicios de abastecimiento a personas en comunidades menos atrayentes.


Los progresos de los negros después de su emancipación y antes de la Ley de Derechos Civiles de la década de 1960 no reciben mucha atención porque socavan una narrativa dominante y políticamente útil en la izquierda.


Esa narrativa, rara vez cuestionada, insiste en que los escasos logros de los negro se deben principalmente al racismo blanco, que los negros necesitan favores especiales como la acción afirmativa para mejorar su suerte, que la participación en las instituciones políticas es esencial para el avance de los negros. Estos argumentos solo sirven a los intereses de las personas que los esgrimen: los líderes raciales y étnicos que tratan de mantener su liderazgo o líderes políticos buscando votos. Aún así, en si misma, la historia de los negros ofrece un contrarrelato lo suficientemente convincente para documentar nuestros debates sobre la desigualdad racial en la era post-Obama.


En su libro de 1907, The Negro in Business, Booker T. Washington indicaba que entre 1860 y 1900, las tasas de propiedad de viviendas de negros crecieron desde una cifra infinitesimal a casi un 22 por ciento. Además, a partir de año 1900, el 74.2 por ciento de los propietarios negros poseían la totalidad de sus residencias, frente a solo el 68 por ciento de las familias blancas. "No tengo conocimientos de que la historia de la civilización registre un ejemplo de crecimiento tan sustancial en un tiempo tan corto", escribió Washington. "Es aquí el único ejemplo de una comunidad recién salida de la esclavitud, sin un céntimo, sin ahorros, de la que emergen 372,414 propietarios de casas, con 255,156 casas pagadas absolutamente y libres de impuestos.”


Entre 1950 y 1960 en la ciudad de Nueva York, que tenía la mayor población urbana de negros del país, donde la discriminación racial en el empleo era legal y común, el número de contables negros aumentó en más de 200 por ciento. El número de ingenieros aumentó en 134 por ciento. El número de maestros creció en 125 por ciento. Fue también impresionante el aumento de médicos negros (56 por ciento), de abogados (55 por ciento), de enfermeras (90 por ciento) y de trabajadores sociales (146 por ciento). La Ley de Derechos Civiles y la Ley de Derecho al Voto no se aprobarían hasta mediados de la década de 1960; y no es mi propósito minimizar la importancia de esa legislación para hacer de Estados Unidos un país más justo. Tampoco pretendo restarle importancia a los esfuerzos de tantas personas honestas que lucharon y murieron valientemente. Pero el hecho de que los negros estuvieran accediendo a profesiones de cuello blanco antes de que se aprobaran esos proyectos de ley nos dice lo que fueron capaces de lograr incluso durante la era de Jim Crow.

Traduccion de Leandro Morales

Fuente: https://abcnews.go.com/Politics/book-excerpt-jason-rileys-false-black-power/story?id=48521842

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