CETERIS PARIBUS
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¿Por qué Lomeli y no los otros 49.999 efectivos de la TSA?

Lo impensable le ha sucedido a uno de los criminales de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA) : no sólo ha sido arrestado en el desempeño de sus "deberes", sino que realmente enfrenta cargos.

Becky Akers

El impacto me paralizo un buen rato, así que también me tomo un momento recuperarme. Estos ladrones y asaltantes sexuales han manoseado hombres, mujeres y niños pequeños durante 19 largos y muy tortuosos anos en los aeropuertos amerikanos. Hunden sus manos en camisas y pantalones, cachean ancianas al desnudo, a carcajadas se ríen de los pasajeros que desnudan, toquetean a los niños y oportunistamente, con el pretexto de que esconden bombas, acarician las tetas de las mujeres. En resumen, la TSA comete a cada instante y con impunidad nauseabunda todo tipo de atrocidades. Y cada vez que una víctima grita "¡Violación!”, con falsedad y descaro la agencia repite, sumando insulto al agravio, que “se esfuerza por tratar a cada pasajero con dignidad y respeto…”, que se “investiga” a sí misma y luego -sorpresa!—declara a sus sádicos inocentes. Para espigar un ejemplo de los millones de ejemplos: después de que "el cantante británico Morrissey dijo" que un "trabajador de TSA de San Francisco ... Fue directo a mis partes privadas y luego paso su dedo por mi clivaje trasero", la TSA asevero que su "oficial siguió los procedimientos operativos normales en la evaluación de este individuo".


¿Necesitamos más testimonio de que la agresión sexual no es solo el "trabajo" de la TSA, sino su política oficial? Por violentas u ofensivas que sean las depredaciones de sus degenerados, la TSA los defiende enérgicamente.


Hasta ahora. Por razones que ningún siervo normal puede desentrañar, el Estado de California y la propia TSA están denunciando a uno de sus leches por lo que es: un criminal.


Sin embargo, tratándose de este el gobierno, su justicia llega con enorme retraso y ni siquiera por asomo es suficiente. Para empezar, los fiscales han acusado a Johnathon Lomeli, de 22 años, no de abuso sexual, sino de "un delito grave de encarcelamiento falso, por detener intencional e ilegalmente a un individuo mediante el uso de fraude o engaño". En segundo lugar, dicen que él y él solo, de los 50,000 matones de la TSA es culpable de agresión sexual. Y como prueba, ofrecen dos diferentes muestras microscópicas engañosas.


En otras palabras, aunque en una pálida imitación del debido proceso, Johnathon fue finalmente atrapado para que sus malvados compañeros pueden continuar revolcándose en la depravación. Desprecio a Lomeli como desprecio a todas las bestias de la TSA, pero ni siquiera yo podría culparlo por preguntarse: "¿Por qué yo? ¡Si todos los demás se salen con la suya!”.


La carrera criminal de Lomeli arrancó el verano pasado en el aeropuerto Internacional de los Ángeles cuando "supuestamente engañó al pasajero de una aerolínea para que le mostrara sus senos y lo dejara mirar debajo de sus pantalones”.


Ninguna novedad: a pesar de sus protestas, la TSA de hecho desnuda frecuentemente en sus inspecciones a los pasajeros. Y apostaría a que Lomeli ni siquiera se inmutó mientras "engañaba" a su presa: dado el aquelarre que los viajeros esperan de estos bárbaros con guantes azules, probablemente ladró solo una orden antes de que la pobre mujer se desabrochara la blusa.


Así llegamos a la primera de esas distinciones irrelevantes: la TSA insiste en que solo "un oficial del mismo género" nos va a manosear. No podemos adivinar por qué estos cretinos imaginan que tales abusos tranquilizaran a los pasajeros, cuando los federales no solo toleran sino que fomentan la sodomía. E incluso si actuamos como si ninguno de los pervertidos de la TSA es tan pervertido, la agresión es agresión independientemente del sexo del depredador. Me gustaría escuchar al sobreviviente de una violación diciendo: "Oh, si una persona de mi propio sexo me hubiera atacado, ¡no estaría tan traumatizada!”.


Ergo, puesto que el macho Lomeli miró descaradamente a una hembra, el gobierno castiga su vicio en lugar de remunerarlo. Me pregunto si su abogado no le aconsejará a Lomeli alegar que se ese día se sentía como una mujer y, por consiguiente, no hubo ningún crimen.


Y aquí nuestra segunda distinción insustancial: después de ese primer destello de carne, Lomelli "llevo" a la dama "a lo que según él sería una habitación privada para una mejor inspección... Pero una vez solos en el ascensor, ella dijo que él le dijo que podía hacer la inspección allí mismo. La mujer dijo que Lomeli le dijo que tenía que asegurarse de que aún no tuviera nada en el sostén; dijo que le exigió que se levantara su blusa ‘para mostrarme los senos completamente. También volvió a mirar en sus pantalones, dijo, antes de decirle que podía irse y agregar que tenía lindos senos”.


Las inclinaciones de Lomeli se diferencian muy poco de otros encuentros demasiado cercanos con la TSA. A menos que seas un estatista. Luego diciernense todo tipo de contrastes fantasiosos. Como tronó solemnemente el fiscal general de California: "alegadamente, el delito ocurrió fuera del área principal de los controles de seguridad.

¡Ah, sí, esa mágica "área principal de seguridad" lava el crimen y hace que la agresión sexual sea !" una grata garantía de seguridad. Esos pocos metros encantados de bienes raíces, querido lector, hacen toda la diferencia.


A nuestros Gobernantes tampoco les inquieta la existencia de puntos confusos de control que inducen a los pasajeros a permitir o incluso cooperar con violaciones tan grotescas como las de Lomeli. Mientras tanto, el fiscal resuella: "Las mujeres merecen ser tratadas con dignidad y respeto en todas partes ... No hay excusa para este tipo de comportamiento. No está bien en la calle, no está bien en nuestras escuelas, y ciertamente no es bienvenido en los aeropuertos”.

Dígaselo a la TSA, amigo. Cuarenta y nueve mil novecientos noventa y nueve de sus bestias todavía infectan los aeropuertos, degradando a las mujeres en cualquier momento del día. Para no quedarse atrás, la TSA, hipócritamente, “calificó de inaceptable el supuesto comportamiento [de Lomeli] y de afrenta al esfuerzo y al compromiso de los miembros de nuestra fuerza laboral [sic].'”

¿Una afrenta? Vamos, pero si es parte del entrenamiento laboral.


Fuente: https://www.lewrockwell.com/2020/02/becky-akers/why-lomeli-and-not-the-other-49999/

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