CETERIS PARIBUS
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SI ES ASÍ, HABRÉ VENCIDO

Actualizado: 20 de feb de 2020


Noelia Illán Conesa

Buenas tardes y muchas gracias por venir a celebrar a este poeta, quizá el último que queda sobre la faz de la tierra. He venido aquí a hablar de su figura como autor, de su faceta artística en base a mi supuesto conocimiento de su obra, un conocimiento que se deviene de la lectura precisa que he ido haciendo a lo largo de muchos años. Años durante los que ha ido creciendo no sólo mi devoción por sus libros sino por la persona que aquí tienen el placer de escuchar. Así que me va a ser muy dificil decir algo sólo sobre su obra. Lo intenté, créanme. Intenté escribir de una manera absolutamente objetiva. Le pasé mi estupendo texto perfectamente estructurado a varios lectores de José María, amigos suyos y míos que conocen mi forma de hacer las cosas. Era un texto digno de la ocasión, con giros magníficamente creados y palabras rebuscadas para impresionarles. Les horrorizó. Era un texto de Wikipedia, me dijeron. Vacío, plano, sin alma. En definitiva, muerto, que es como peor se puede estar en este Valle de Lágrimas


Tiré el texto - literalmente hablando - al fuego, como si de la Eneida se tratara. Así que le di vueltas y vueltas a la idea de estar aquí sentada, de lo que se podía esperar de mí o de qué palabras eran más acertadas dadas las circunstancias. Nada me convencía. ¿Qué podría yo aportar a este acto que no sepan ya? Lo siento: estoy harta de oír lo de Novísimo, y los que hayan seguido la carrera de José María me entenderán bien. Ha hecho mucho y de muchas clases: que si prosa, que si poesía, ensayo, biografía, traducciones de uno y otro, traducido aquí y allá... Congresos, entrevistas, premios, universidades... Vale, bien, todo eso evidentemente es más que loable. ¿Pero saben qué es lo que más admiro yo del poeta? Su honestidad. Y eso también tiene que ver con su obra.


Siempre lo diré por encima de cualquier cosa: es el poeta (y conozco ya unos cuantos) más honesto que conozco, tanto en su obra como en su vida. Y quien me diga que se puede separar la faceta de autor de la propiamente personal no conoce bien a José María. Y créanme que es un placer que así sea. Uno se reconcilia con la vida cada vez que habla con él, cuando se sienta a tomarse un copazo bien frío o cuando pasea por París, la que es su ciudad. Su visión del mundo es admirable, su forma de enfrentarse a la imbecilidad que nos rodea envidiable. ¿Y saben cuándo me atravesó a mí este poeta? ¿Les interesa saber cuándo recibí yo el trallazo y me di cuenta de que era mucho más que un Novísimo? Quizá no es "comercial" que salga una antología hecha por una tal Noelia Illán, que no da clases en una universidad decadente ya o a la que no conocen más allá de las fronteras de Murcia. Quizá no sea interesante a la hora de vender libros la visión de una admiradora de José María. Yo no estoy tan segura, y les diré por qué.


He llegado a muchos autores gracias a la abundancia de citas que José María mete en sus poemarios, he leído a otros tantos a través de las menciones que hace de ellos en sus diarios o en sus memorias. Ha sido un verdadero "Cicerone" que me ha llevado (nos ha llevado de la mano) a los que hemos sentido el chasquido de la Literatura, a los que estábamos hambrientos de sabiduría. Una sabiduría que viene de siglos, una visión del mundo que nos ha ido vertebrando tal y como somos. Yo esa vértebra se la debo a él. Al poeta y al Maestro. Y por eso quiero compartir con ustedes un fragmento de LA ESCLAVA INSTRUIDA, su novela más perfecta a mi parecer pero desconocida para muchos, que me atravesó con apenas 15 años y de la que aún no he conseguido escapar.


"Después, rendida, rendido, nos quedamos el uno junto al otro, acariciando débilmente con nuestros dedos nuestros cuerpos. Encendí un cigarrillo, te lo puse en los labios y encendí otro. Te contemplé junto a mí, espléndida, brillante de sudor y saliva y semen, con el pelo revuelto y los ojos cerrados, abrasada por el placer; me vino a la cabeza una palabra, gallega, la más hermosa que conozco, para significar el brillo de la Luna sobre las aguas: “ardora”. Y esa belleza, esa criatura excepcional que yo había modelado en lo grandioso, era mía, “quería” ser mía. Y esa mujer magnífica me deseaba, me amaba. Abriste tus ojos, tu boca se estremeció y me besaste, y yo supe que todo estaba bien, que todo había estado bien, que todo estaría bien. Me miraste -ah, tus ojos, tiernos, misteriosos, impuros, indiferentes y llameantes- y tus ojos me acariciaron como poco antes lo habían hecho tus labios lamidos, tu lengüecita caliente. Poderosa y descarada, tu fantástico poder resplandecía con la furia de una erupción volcánica en aquella fabulosa complicidad conmigo, tu igual, una sola carne ya para siempre, altar de la sexualidad, del placer, del esplendor. Eras un ser lujoso y depravado y bestial y santo y magnífico. Eras la vida, el rostro más invulnerable y hondo y divino de la vida. Me besaste con un beso largo, inacabable, sin retorno.


-Nunca como hoy has sido el vampiro –me dijiste.


Después, como Greta Garbo en Cristina de Suecia, acariciaste los muebles de aquel apartamento, las paredes, la cama húmeda y que olía a nosotros. Y mirándome con una sonrisa de absoluta felicidad, de estar ya por completo en paz con la vida, contigo misma, con una sonrisa que por un instante fue toda la dicha, me dijiste, parafraseando dos textos que tú muy bien sabías cuánto amo yo: -Quien venga después, reinará como un malvado.Y, ya en la puerta, te volviste, mirándome, y había amor en esos ojos: “Soy, como la Fatmé de Montesquieu, libre por l´avantage de mi cuna, y tu esclava por la violencia del amor”. Y saliste. Alejandro Magno no llegó tan lejos."


Ahí me atravesó José María. Si a alguien que no lo haya leído todavía le sirve de aperitivo, si gracias a mi fragmento favorito le pica la curiosidad de leerlo, habré vencido. Y si ustedes saben leer bien, sabrán por qué ese texto representa el pilar de mi existencia. Ahí está todo (o casi).Para finalizar, terminaré mi intervención casi con una plegaria, al modo de los Himnos Homéricos:


Oh, Poeta.

Ojalá algún día pueda mirar atrás y dar gracias a mí misma por haber sido honesta conmigo. Desde luego, desde aquí te doy las gracias por haberme enseñado cómo hacerlo.


Gracias.

Noelia Illán Conesa (Cartagena, 1983) es Licenciada en Filología Clásica. En 2012 publicó Calamidad y Desperfectos, reeditado un año más tarde con prólogo del poeta novísimo José María Álvarez, de cuya obra es experta conocedora. Publicó en 2015 la antología de Álvarez El oro de los tigres (Editorial Balduque). Ha participado en festivales de poesía y colaborado con prensa y revistas literarias, como El Ciervo, El Coloquio de los Perros, Ágora, Carátula o Meca. Ha aparecido en varias antologías y recibido varios premios de poesía y microrrelato. Ha publicado el poemario Verbos por dentelladas (RavensWood Books, 2016), reeditado por Lastura Ediciones en 2018, con prólogo de Antonio Praena. Publicó en 2018 Volver a brindar con extraños, II Premio de poesía de La Montaña Mágica y publicado por Balduque Ediciones. Algunos de sus poemas han sido traducidos al francés, inglés y griego moderno. Ha sido codirectora de la revista de poesía La Galla Ciencia desde su fundación. Acaba de preparar la segunda antología de poesía de José María Álvarez, La mirada de la Esfinge, con la editorial Olé Libros.


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